miércoles, 23 de noviembre de 2016

La importancia de detectar problemas visuales en niños

Las revisiones tempranas ayudan a descartar ciertos defectos refractivos y patologías que a la larga pueden ser irreparables. De esta forma, se podrá diagnosticar y prevenir más rápidamente las principales enfermedades visuales de los pequeños: catarata congénita y defectos de refracción como la hipermetropía, la miopía, el astigmatismo, la ambliopía u “ojo vago” y el estrabismo entre otros.

Los niños pocas veces se quejan de los problemas visuales y, en ocasiones, es complicado detectarlo en ellos. Por ello, la detección de una anomalía visual no es sólo responsabilidad del oftalmólogo, sino que consiste en un trabajo en equipo del que forman parte también el pediatra, los profesores y los padres.

La agudeza visual del ojo del recién nacido no supera el 5%. Al año se sitúa en un 10% y va aumentando paulatinamente hasta los seis o siete años, en los que se alcanza la visión adulta. De ahí la importancia de que los niños se sometan a revisiones periódicas. La visita más importante es la que se realiza a los cinco años, pues en ella los más pequeños generalmente ya colaboran en la toma de la agudeza visual de forma fiable.


Además, si empezamos desde edades tempranas a llevar al niño al Optometrista aceptará las revisiones anuales como algo normal y lo adoptará como un hábito a lo largo de su vida, algo muy importante para su salud visual.

Para un niño no es fácil detectar que no ve bien, si no puede leer la pizarra o se le juntan las letras, piensan que es algo normal, que está viendo lo mismo que sus compañeros. Algunas señales que delatan un defecto refractivo son:

Nunca quiere leer y no le interesa ningún tipo de lectura.
A leer en voz alta se salta líneas de texto.
Cambia las sílabas de las palabras de sitio.
No comprende ni recuerda bien lo que lee.
Presenta un retraso en velocidad de lectura con el resto de sus compañeros. Se detiene en cada una de las palabras.
Se aleja o se acerca demasiado al libro.
Gira y mueve la cabeza cuando está leyendo.
Frunce el ceño, parpadea o tiene los ojos llorosos y enrojecidos cuando realiza los deberes.
Se queja de dolores de cabeza y está muy cansado después de leer o de hacer los deberes.


En caso de presentar cualquier síntoma es importante acudir al oftalmólogo.

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