martes, 13 de febrero de 2018

¿Es posible aprender a mirar para fingir emociones o evadir observar al otro?


Normalmente, no, nos creamos buenas opiniones de los interlocutores que no nos miran a los ojos mientras hablan, sino que miran al suelo o al vacío. Algunos autores han interpretado que no mirar a los ojos mientras se habla quiere decir que se está mintiendo, pero es un hecho que no está comprobado. Nos agrada que nos miren porque mientras hablamos la otra persona hace microexpresiones involuntarias en su rostro que de alguna forma guían nuestro discurso. Así, pueden poner expresión de sorpresa, incredulidad o negación. Y son muchas las ocasiones en las que preguntamos, ¿Por qué pones esa cara?

Por ello la forma de mirar transporta una gran cantidad de información de lo que pensamos, queremos o sentimos y que, sin embargo, no se verbaliza. Esté es el motivo por el cual las miradas, las sonrisas, las posturas y el resto de elementos que configuran la comunicación no verbal sean tan importantes en terapia.


Difícilmente puede ser moldeada por control voluntario, por ello a través del mirar podemos interpretar aspectos del interior más profundo que no pueden ser expresados de otra manera.

La investigación experimental también ha detectado una tendencia a que las miradas prolongadas y recíprocas pueden ser un indicador de relación duradera entre las personas. Algunos investigadores han propuesto un modelo interesante y práctico para medir la intimidad de las personas en función de la frecuencia de la mirada, la intimidad del momento y la cantidad de sonrisa.

De la misma manera, se ha apreciado que en una relación entre personas caracterizada por el rechazo o la incompatibilidad se da una disminución de la mirada. La hostilidad tiende a expresarse a través de la ignorancia visual, y mucho más cuando el destinatario de nuestra hostilidad es consciente de que lo ignoramos premeditadamente.

Una mirada fija puede emplearse para producir angustia. Se ha detectado en estudios experimentales que una mirada que dura más de diez segundos produce irritación y malestar. Los monos en los zoológicos han reaccionado con amenazas y gestos de agresión a miradas fijas y prolongadas en multitud de experimentos. La neurociencia ha comprobado experimentalmente que una persona que realiza una mirada fija e insistente tiende a elevar su ritmo cardíaco.

Cada uno de nosotros nos guiamos por la forma de mirar del otro y, según ella, actuamos. Pero esas mil miradas que poseemos cada uno de nosotros- según nuestros pensamientos, emociones y sentimientos- debe enmarcarse en el conjunto de una mímica facial que nos es única como seres únicos e irrepetibles que somos, además de unas pautas propias de posturas, formas de caminar, jugueteos con pelo o accesorios y, cada uno de estos elementos, aporta un valor esencial para la comunicación no verbal que, a su vez, es una forma fundamental de comunicación; aquella que lo dice todo sin decir nada… con el poder de las mil miradas.
Información de… https://goo.gl/ncuaoD


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